Nuestra relación había durado apenas tres meses, siempre nos estábamos peleando porque ella era una puta que iba provocando siempre, y si duramos tanto fue porque en la cama parecía que nos entendíamos perfectamente. Al final decidimos dejarlo, y me sorprendí cuando un día llegué a casa y me la encontré esperando, diciendo que había venido por sus recuerdos y sus regalos. Pero lo que de verdad quería era follar conmigo por última vez, y yo tuve mucho gusto en complacer a la muy guarra.